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Bruno Pólack

Cree palpar en la oscuridad el hocico

rabioso del mar/

 

el interior de yeso de la figura de un santo.

 

Entra al café con su hija en el brazo. Busca una mesa pequeña.

El telón no va a caer.

 

Es triste explicarle que no es del todo malo que

algún inocente desfile

de vez en cuando por la horca.

 

Hace adiós con el guante desde lo más

alto de la

noria.

-un tigre muñeca, es un tigre-

tuvo que hacer muchas promesas para conservar

la semilla

dentro del puño cerrado.

 

Se observa por la rendija de la caja y aún

está afuera.

Gira su cuerpo sobre el piso de parqué

entre las notas del piano.

Las paletas del ventilador han dado, en suma, sólo una vuelta

durante todo el invierno.

Apaga el cigarrillo en la mesa de vidrio y sólo escucha el final de la pregunta.

Detenerse en Itaca, por una tarde, a seguir pensando en Lima.

 

Piensa: al cruzar la calle, el malecón. A 200 metros, el mar.

 

 

 

 

 

A bajeles

 

Año tras año se me han encomendado las pequeñas labores/

he sido cuidadoso, sin embargo,

de que la simpleza de estas, no llegue a turbarme,

y las he realizado siempre diligentemente.

 

Esto no ha pasado desadvertido

y

año tras año, para felicidad de los míos,

se me sigue encomendando las mismas pequeñas labores/

por las cuales incluso,

pasada la “insensatez” de la adolescencia,

he llegado a guardar abierto cariño.

 

 

 

 

 

Canto para resucitar a los muertos

 

Sin embargo alzo este canto para despreciarte

En l’an trentième de mon âge

cuando la luna esta vez realmente

está en el fondo del estanque/

cuando moriría fielmente por una idea de la cual

es más que seguro mañana me arrepienta.

Esta vez las velas de Teseo se divisan tan

cerca en la bahía de Lima.

Los blancos frutos de la morera teñidos de rojo.

Bajar la calle, volver a subirla. Pensarte.

Alzar éste canto para de algún modo evitar la

cuesta que ha sido señalada para mí/

atormentar con esperanzas a un hombre de fe

creo en la resurrección de la carne

en que es siempre mucho más tarde que ayer

a esta misma hora.

Todos estos altares equivocados/

Ya que ha pasado lo que tan febrilmente anhelé

anhelo ahora el tiempo de los anhelos

ver que la muerte que habíamos aguardado siempre,

en lo más hondo, siempre nos había pertenecido

alzar este canto como se alza una carpa en el desierto

renunciar por completo a la heroicidad por medio de

las palabras

de la miseria y la ira brota a menuda, María, el bendito progreso

y en la algazara circundante para definir la parentela:

¿Cómo se refleja tu rostro en las aguas del río que yo dejé pasar?

 

 

 

 

 

Santa Rosa de la Av. Tacna

 

Cásate conmigo Jesús

que las rosas de la Av. Tacna

no importen mucho/

 

Solo tú/

que por casualidades de la locura

mis caminos a tu corazón

sean todos ciegos/

mis tristezas núbiles te desean/

y te miro, como cada noche,

es que no quiero más tranquilidad,

cásate conmigo Jesús

que las rosas y el tráfico de la

avenida Tacna no importen mucho

solo tú, solo tú/

y que de repente por las casualidades

de tu corazón mis locuras

sean todas tuyas/

 

/Cásate conmigo pequeña Rosa

haz de los azares de los días

unos pequeños evangelios,

distrae tus rubios cabellos, tu rostro blanco

en concupiscencias de oraciones/

mis vacíos de Dios

a veces te extrañan a la hora de la cena,

regresa conmigo pequeña hija

¿o es qué a veces importan algo

las calles de la Av. Tacna?

¿las calles de la ciudad de Lima?

¿los caminos de esta vida?

 

 

 

 

 

Pasan cosas raras entre mis hermanos

 

Duerme la manzana. Silencio.

Sostengo la neblina. Imagino la morera.

Vivo. Rueda la palma de mi boca.

 

Con gestos arenosos me mudo a la cocina,

pasan cosas no muy claras entre mis hermanos.

Imagino el inicio de mi carta: ”Lima, 8 de agosto del

2002, Querida Susana, supongo que la soledad te debe

sentar muy bien, casi nadie sabe que tienes miedos, etc”.

 

Antes de sentarme a la mesa estudio la ventana,

su marco, su bisagra,

¿por aquí pasaría un caballo?

¿una lavadora al menos?

para no parecer tonto digo algo convencional sobre el clima

y salgo a encerrarme rápidamente,

en algún baño, en mí mismo.

 

 

 

 

La “huida” de Coronis

 

Tiró por la ventana las piedras que le fueron traídas

del templo de Apolo;

ella llevó una vida fácil en otros tiempos, ahora

ansía un amor;

una imagen grotesca que se represente mientras

levanta de madrugada la reja de la lavandería/

 

Cogió cuatro cachivaches que puso en una

bolsa de cuero

y embarcó el Pireus;

el cuervo era una mancha blanca en el

cielo todavía sucio/

el puerto de llegada era en su cabeza mucho

más inmenso que el puerto que aun tenía ante

sus ojos/

 

las amarras se arrastran sobre el agua; y

a mil leguas de aquí,

estará exactamente de lo que huye.

 

 

 

 

 

Melancolía de Hipócrates

 

y veía, echado en las piedras, la imagen de los

antiguos cuervos ensombreciendo el recipiente de

frutas;

una lengua de agua mojaba el filo de su toalla.

 

Creyó que esto ya era fastidioso y se puso de pie;

Quizá sea buena idea regresar mañana, se dijo.

 

La sombra de un poste en el malecón hizo una línea

frente a él que no tuvo miedo de traspasar.

Era joven cuando recorría los puertos y

las galerías de Egipto.

 

 

Esa noche, frente a un nutrido público, expuso su

melancolía por sueños pasados.

Y se adueñaba de historias y situaciones de otros,

que él mismo añoraba ya

como parte de su vida.

 

Crede di tastare nel buio il muso

rabbioso del mare/

 

l’interno di gesso della figura di un santo.

 

Entra al bar con la figlia in braccio. Cerca un tavolino.

Il sipario non calerà.

 

È triste spiegargli che non è del tutto sbagliato

che qualche innocente sfili

di tanto in tanto verso la forca.

 

Fa cenno d’addio col guanto dal punto

più alto della

noria.

-una tigre di pezza, è una tigre –

dovette fare molte promesse per conservare

il seme

dentro il pugno chiuso.

 

Si osserva dalla fenditura della scatola e ancora

resta fuori.

Gira il corpo sul parquet

tra le note del piano.

Le pale del ventilatore hanno fatto, nel complesso, solo un giro

durante tutto l’inverno.

Spegne la sigaretta sulla tavola di vetro e ascolta solo la fine della domanda.

Trattenersi a Itaca, per un pomeriggio, per continuare a pensare a Lima.

 

Pensa: attraversando la strada, il molo. A 200 metri, il mare.

 

 

 

 

 

Lavori forzati

 

Anno dopo anno mi hanno assegnato piccoli lavori /

ho fatto in modo, comunque,

che la loro semplicità non giungesse a turbarmi,

e li ho svolti sempre diligentemente.

 

Ciò non è passato inosservato

e

anno dopo anno, per la felicità dei miei,

continuano ad assegnarmi gli stessi piccoli lavori /

per i quali addirittura,

passata l’”insensatezza” dell’adolescenza,

sono arrivato a provare autentico affetto.

 

 

 

 

 

Canto per resuscitare i morti

 

Comunque innalzo questo canto a spregiarti

En l’an trentième de mon âge

quando la luna stavolta è realmente

in fondo allo stagno /

quando lealmente morirei per un’idea della quale

è più che certo poi mi pentirò domani.

Stavolta le vele di Teseo si scorgono tanto

vicino nella baia di Lima.

I bianchi frutti del gelso tinti di rosso.

Discendere la strada, risalirla. Pensarti.

Innalzare questo canto per evitare in qualche modo la

discesa che per me hanno tracciato /

tormentare di speranze un uomo di fede

credo nella resurrezione della carne

e che sia sempre ben più tardi di ieri

a questa stessa ora.

Tutti questi altari sbagliati /

poiché è passato quel che tanto febbrilmente ho desiderato

desidero adesso il tempo dei desideri

vedere che la morte che avevamo sempre atteso,

nel punto più profondo, ci era sempre appartenuta

elevare questo canto come una carpa nel deserto

rinunciare del tutto all’eroismo per mezzo delle

parole

è da ira e miseria che spesso germoglia, Maria, il benedetto progresso

e in tutto il circostante putiferio volto a definire la parentela:

Come si riflette il tuo viso nelle acque del fiume che ho lasciato passare?

 

 

 

 

 

Santa Rosa dell’Avenida Tacna

 

Sposami Gesù

che le rose dell’Av. Tacna

non contano molto/

 

Solo tu /

che per casualità della follia

le mie strade per il tuo cuore

siano tutte cieche /

le mie tristezze nubili ti vogliono /

e ti guardo, come ogni notte,

è che non voglio più quiete,

sposami Gesù

che le rose e il traffico del

Tacna non contino molto

solo tu, solo tu /

e che a un tratto per le casualità

del tuo cuore le mie follie

ti appartengano tutte/

 

/Sposami piccola Rosa

fa’ degli azzardi dei giorni

piccoli vangeli,

distrai quei capelli biondi, il volto pallido

in concupiscenze di discorsi /

i miei vuoti di Dio

talvolta ti rimpiangono all’ora di cena,

torna con me piccola figlia

oppure è che a volte contano qualcosa

le vie del viale Tacna?

Le strade della città di Lima?

I percorsi di questa vita?

 

 

 

 

 

Accadono cose singolari tra i miei fratelli

 

Dorme la mela. Silenzio.

Sopporto la foschia. Immagino il gelso.

Vivo. Ruota la palma della mia bocca.

 

Con gesti arenosi mi sposto in cucina,

tra i miie fratelli accadono cose non molto chiare.

Immagino l’inizio della mia lettera: “Lima, 8 agosto del

2002, Cara Susana, suppongo che la solitudine ti debba

giovare molto, quasi nessuno sa che hai paure, etc.”

 

Prima di sedermi a tavola studio la finestra,

la sua cornice, qui il suo cardine,

ci passerebbe un cavallo?

Una lavatrice almeno?

Per non sembrare stupido dico frasi di circostanza sul clima

ed esco a chiudermi in fretta,

in un bagno qualunque, in me stesso

 

 

 

 

 

La “fuga” di Coronide

 

Tirò dalla finestra le pietre che le avevano portato

dal tempio di Apollo;

ebbe vita facile in altri tempi, ora

desidera un amore;

un’immagine grottesca che si figura mentre

alza all’alba la saracinesca della lavanderia/

 

Prese quattro rottami che mise in una

borsa di cuoio e s’imbarcò sul Pireus;

il corvo era una macchia bianca

nel cielo ancora sporco /

il porto d’arrivo era nella sua testa molto

più immenso del porto che aveva ancora davanti

agli occhi /

 

gli ormeggi strisciano sull’acqua; e

a mille leghe da qui,

sarà esattamente di ciò che fugge/

 

 

 

 

 

Malinconia di Ippocrate

 

e vedeva, incisa nelle pietre, l’immagine degli

antichi corvi oscurare il recipiente della

frutta;

una lingua d’acqua bagnava il filo dell’asciugamano.

 

Credette bastasse come fastidio e si alzò;

Forse conviene tornare domani, si disse.

 

L’ombra di un palo sul molo gli tracciò davanti

una linea che non ebbe paura di oltrepassare.

Era giovane quando percorreva i porti e

le gallerie dell’Egitto.

Quella notte, di fronte a un nutrito pubblico, espose la sua

malinconia per sogni passati.

E s’impadroniva di storie e situazioni altrui

che egli stesso già rimpiangeva

come parte della sua vita.

 

Traduzione di Chiara De Luca

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12214202_10153551072870743_726767894_oBruno Pólack (Lima, 1978) estudió Derecho en la Universidad de Lima. Ha publicado los libros (Alegorías hiperbólicas) o Las ruedas del beso de Reinaldo Arenas (2003), El pequeño y mugroso pólack (2007), Poemas médicos (2009) y Universal/ Particular (2013). Ha participado como editor en la revista de creación y crítica Evohé, así como en el sello Magreb. Es cofundador del Festival Internacional de Poesía de Lima y dirige la web literaria Vallejo & Company.

12214202_10153551072870743_726767894_oBruno Pólack (Lima)1978, ha studiato Diritto all’Università di Lima. Ha pubblicato i libri, (Alegorías hiperbólicas) o Las ruedas del beso de Reinaldo Arenas (2003), El pequeño y mugroso pólack (2007), Poemas médicos (2009) e Universal/ Particular (2013). Ha collaborato come redattore alla rivista di critica e creazione Evohé, e con il marchio Magreb. È cofondatore del Festival Internazionale di Poesia di Lima e dirige il sito letterario Vallejo & Company.

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