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Chiara De Luca, Ode a Sunny

Melena de sol al atardecer, perlas redondas 
de cornalina donde es más resplandeciente,
la nariz pequeña en el centro es un ópalo
que hace huego con la lengüeta cuando
abre rápido la boca delante de la galleta

y astuto coquetea: la cola te envuelve
serpenteando alrededor de tus piernas
para decirte los demás no cuentan: eres suyo,
como cualquier otra cosa dentro de la casa.

Con un maullido modulado, frase por
frase responde a mis preguntas, cierto
de darme un discurso sensato y puntual
de palabras profundas, su pelaje le cae
con flecos sobre las patas un poco cortas,
pero armoniosas cuando avanza elegante,

le gotea sobre los pies en las manoplas rosa
tan pronto como se inclina, te lanza el guante,
invitándote al juego, pero justo después ya
está cansado y se pone a suavizarse durante
horas el pelaje ardiente, con cuidado maníaco
y envidiable zumbante placer. Sunny, mi dandy,

con pantalones bombachos, se va señorial
por toda la casa, sin presionar demasiado
su paso real. Su andar se hace más hilado
y jovial cuando da una patada hacia atrás
para decirme Soy genial, my dear, ¿verdad?

No espera ninguna respuesta – centinela
prudente de guardia a la ventana – ya está
en vilo sobre la barra más alta. Desde allá
arriba se vuelve para invitarme a mirar con
los ojos bien abiertos al mundo como si fuera
una fiesta, pero atrapa en sus garras la barra

y tiembla si pasa una bandada, por envidia
del loco vuelo – las cornalinas entreabiertas
tragan el cielo – luego se gira de nuevo hacia
mí más abajo, guiña el ojo lanzándome un beso

o, maestro equilibrista, zigzaguea
entre adornos, baratijas y colgantes
en la pista, sin cometer un solo error. 

Si después sabia preparación, saltando
de un mueble a otro, apunta mal, pierde
agarre por trivial distracción – le pasa hasta
al melhor – o conjura de las oscuras fuerzas
del mal – hostiles a la temeraria intención –
se va con la cara ofendida, no vencido,
sino listo para metas aún más codiciadas. 

Acurrucado en el jardín es un jaguar 
si un imprudente se atreve a cruzar
la frontera de su reserva personal.

En el pecho que apenas se levanta, el aliento
permanece en alerta: bigotes en el viento,
luz feroz dentro de la mirada, boca abajo
en el suelo, listo para el inexorable salto.

de Versi animali, inédito
A ser publicado por Edizioni Kolibris

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