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Graffiti

Ha comenzado la buena temporada, la de los mosquitos y de los flebótomos, para entendernos, la de las pulgas y de las procesionarias, aquella en la que si no te despiertas a las cuatro y media de la mañana para salir se funden los perros, pero también aquella en la que se ven más intensamente los colores.

Hay un lugar en la ciudad doliente donde dos grandes hangares de forma rectangular se enfrentan vacíos. No sé para qué sirven, pero ciertamente han sido reciclados creativamente, porque albergan una hermosa exposición metamórfica de graffitis que cambian en la noche, cuando los artistas crean nuevos dibujos sobre los viejos sino también sobre los recién hechos. Así que hay que venir con frequencia para no perderse las nuevas entradas. Mi favorito era el escritor anónimo que vivía en el lado corto del primer hangar, en frente del gran demonio que se eleva en el edificio delante. Pero una mañana el escritor se había ido. Había sido borrado sin razón aparente. 
Lo único que siempre ha estado aquí durante los tres años desde que empecé a monitorear la exposición es el gran monstruo con ojos de bola. Es el dueño del lugar, su demonio. No hay nada que le inspire más respeto y admiración a la gente que el mal, especialmente cuando da la impresión de salirse con la suya disfrazándose de lila pastel, como el odio irreductible que mueve a los que siempre blasfeman Dios y el Amor. 
La particularidad del monstruo es que parece tridimensional: desde cualquier perspectiva que lo mires él te sigue con sus ojos alucinados. 
Pero hay una buena noticia: el mostruo no existe. Sólo está dibujado, como los avatares
 que los poderosos mueven, indignan y conmueven en el tablero de ajedrez de las redes sociales.
Otra buena noticia es que la justicia no existe. Tienes que elegir entre ser verdadero o ser apreciado, tener integridad o tener éxito, servir una ideología o ser calumniado, colocado en el índice, privado de tu nombre y condenado al ostracismo y a la damnatio memoria. No hay alternativas. Nunca vi excepciones. Si eres honesto tu propia existencia es un insulto a la comunidad ¿No es liberador? Métanse en sus asuntos. No despertéis a los muertos.
 

Chiara De Luca

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