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Juan Gelman, Oggi

A cura di Chiara De Luca

X

La eternidad es una idea violenta/capitalista/acumular
futuro. La conciencia se libra de sí misma
cuando vira su luz en las respiraciones del rocío.
Fulgor de las almohadas en las que el tiempo se
desnuda y el orden del amor se pierde. La noche
madura/las verdades del cuerpo conocen el cortejo/
las horas que se van.

 

 

 

 

 

XXXIV

En los diagramas del maltrato un perro cava su perdón.
Hay montañas de bondad fingida en los molares
del capitalismo/muerden/mascan/comen/
trituran el día que valió por cien. ¿Dónde quedó el
ladrón de sí para darle lugar a vida falsa? Los pensamientos
sin fulgor humano bailan las danzas de
la fuga/no oyen/no ven/no quieren el encuentro
de un ciego con sus ojos. La lucha está de cara a su
rincón. Las golondrinas ambulantes ponen huevos
entre los cuerpos de la seca. Hay nacimientos solos
y los va a inaugurar el que no canta en noches que
le duran poco.

A Alberto Szpunberg

 

 

 

 

 

XXXVIII

Entre el órgano activo y el pasivo sucede la piedad.
Nace del odio de repente como una enredadera
sin razón. Alarga límites de la licantropía, la memoria
recorre su zoológico y no se sabe más quién
es la noche. Convierte lo perdido en diamantes
sin culpa. ¿Las experiencias del abismo entran en
el edén sin antes/penas/trabajos/lazos rotos/sudor?
¿La muerte se fatiga arrugada? ¿En el reposo
de lo inmóvil hay monstruos bajo el río?

A Geneviève Fabry

 

 

 

 

 

XXXIX

Lo que termina sin empezar es una flor que se
apagó y reabre sus pétalos sin canto. El tamaño
del tiempo pasa a su lado sin mirar, ni la toca. Los
teóricos del duelo romántico tienen virtudes comidas
por la lógica/alternan/pasan de la rama que
tiembla en el pico de un pájaro a echar a la basura
sus fantasmas. La pérdida admira esa voluntad del
nunca fue, ahoga a más de un astro en sus combinaciones
secas. Son caminos prestados al incómodo
de sí entre la tierra y el cosmos que cierto día
finirá.

A Jean Allouch

 

 

 

 

 

XLVII

Vacíos del presente molestan al pasado. En la
asamblea de las pérdidas, algún amor alza su llama
con la humildad dichosa de lo que pudo ser. Los
enemigos callan y la noche desnuda dicta maneras/
riquezas del cuerpo que soporta. La tempestad
fabrica callejones, dialectos, absorbe códigos
inmóviles.

 

 

 

 

 

LXIV

La ciudad funde amiantos perdidos, ama así. No
necesita volar, practica riesgos para almas presas
en cárceles de la razón, cambia las relaciones del
fracaso con el fracaso en una noche larga de la
que no se quiere ir. Sus mil idiomas están libres de
cualquier obsesión, tienen bosques frondosos en
los que vida y muerte se abrazan sin pagar. Crecieran
de ese modo las floraciones del amor fiel a sus
colores idos.

 

 

 

 

 

LXVIII

Cómo entrar en la oscuridad de la conciencia, sus
piedras a propósito, la delimitación de sus espejos.
La belleza se calla junto al enfermo de la época.
¿Quién le clavó cegueras ante las criaturas de la
estupidez? Sus rencores caen rápido en órganos
de la razón. El futuro está triste en pensamientos
impensables y los jilgueros cantan en vuelos que se
irán. Las fantasías violentas del adentro son crueles
hacia arriba, su utilidad es traición y nadie labra
las tierras del espanto. El viento barre la arena
del desierto, los fulgores del mal, dígase lo que se
diga de autonomías del amor.

A José Ángel Leyva

 

 

 

 

 

LXXIV

Las alegrías del vacío azul que moja la ropa atravesaron
siglos de la voz humana. Aquí están, con una
rosa natural en la mano que sabe no saber. En la
ignorancia de sí misma deja crecer fulgores que
vendrán. Así posee el instante de la desposesión,
adentro la pasión de afuera devuelta a su pasión. Lo
que quiere ser nombre patrulla fríos del estar. Tiene
asombros de alumno que no aprende los desamores
que convienen, las tinieblas del oro o carne
abandonada, el libro de los miedos. En las delicias
del azul vacío todo es promesa/los imposibles del
engaño/la suavidad lunar que vuela en la desdicha/
el siendo oscuro que persiste.

A François Cheng

 

 

 

 

 

LXXV

Hay una habitación que tiene ríos en las locuras
del regreso. La navegan sollozos, un absoluto de
percal, diálogos del sí y el no en las diversas partes
de la sombra. La sangre se acerca a sus derivaciones
y contempla servicios del error. El azar
nunca se quiere ir. Hermosura mortal no vencida
tiende lecciones como ropa y su milagro calla,
cuelga horas ardientes del tamaño que fuiste. Los
intercambios de la armonía renga chocan con las
fusilaciones. El sueño es dos solos en un rincón de
la escritura. El mar/el mar.

 

 

 

 

 

LXXVIII

Las erecciones del Poder no tienen éxtasis, su codicia
no junta oros del lenguaje. En los relojes de
su disolución navegan barcos de proa hundida,
imanes oxidados de plumas bien cortadas, parlamentos
canallas. La observación del sol crea ojos
múltiples, se derraman países lejanos en su virtud
de prueba y el acto de insistir come del pan que
horneó. La libertad negada no se muere tan joven,
explora las posibilidades del confín. El azar muestra
órganos extraños con luz inapagable. Tanta miseria
finalmente, tanto vuelo sin huella todavía.

A Eric Nepomuceno

 

 

 

 

 

LXXXII

El lenguaje es un hueso, vaga a su antojo antes de
poseer al hijo. En sus pausas se come al infinito y
su enlace con el deseo mundial abarca la discontinuidad
que nombra. Es libre en suspensiones del
origen, conoce su duración en el instante que se
fue. Le pesa la inocencia del círculo, tanta miseria
alrededor. Penetra las unidades incompletas.
Cuánta palabra echada atrás esperando una cuna.

A Jacques Ancet

 

 

 

 

 

LXXXIII

No hay monedas ni cambio en la tumba de Dios,
está la cuna del vacío, dejad toda ignorancia ustedes
que entran. El deseo se libra de tatuajes bajo
la luna que se mojó en el río y tanta ausencia/
tanta barbaridad/tanta bestia comiendo el corazón.
Ningún vuelo de pájaro se escucha todavía,
ni sombras hay ni nada que ocupe esa infinidad.
Del finis mare parten naves sin puerto, los temores
que dejaron su casa, ambivalencias del temblor. La
cualidad de lo variable está ciega ante el azul sin
huellas de lo humano. La carta abajo no es suficiente
por tristeza. El papel viejo espera que la verdad
escriba todo lo que no sabe.

A Herbert Frey

 

X

L’eternità è un’idea violenta/capitalista/accumulare
futuro. La coscienza si libera di sé stessa
quando vira la sua luce nei respiri della rugiada.
Fulgore dei cuscini nei quali il tempo si
spoglia e l’ordine dell’amore si perde. La notte
matura/le verità del corpo conoscono il corteo/
le ore che se ne vanno.

 

 

 

 

 

XXXIV

Nei diagrammi del maltrattamento un cane si scava il perdono.
Ci sono montagne di bontà falsa nei molari
del capitalismo/mordono/masticano/mangiano/
triturano il giorno che valse per cento. Dov’è finito il
ladro di sé per dare luogo a vita falsa? I pensieri
senza fulgore umano ballano le danze della
fuga/non sentono/non vedono/non vogliono l’incontro
di un cieco coi suoi occhi. La lotta è di fronte al suo
angolo. Le rondini migranti depongono uova
tra i corpi della secca. Ci sono nascite sole
e le inaugurerà quello che non canta nelle notti
che per lui durano poco.

A Alberto Szpunberg

 

 

 

 

 

XXXVIII

Tra l’organo attivo e il passivo succede la pietà.
Nasce dall’odio all’improvviso come un rampicante
senza ragione. Allunga limiti della licantropia, la memoria
ripercorre il suo zoologico e non si sa più chi
sia la notte. Converte la perdita in diamanti
senza colpa. Le esperienze dell’abisso entrano dentro
l’eden senza prima/dolori/lavori/lacci spezzati/sudore?
La morte si affanna rugosa? Nel riposo
dell’immobile ci sono mostri sotto il fiume?

A Geneviève Fabry

 

 

 

 

 

XXXIX

Quel che termina senza iniziare è un fiore che si
spense e riapre i petali senza canto. Il volume
del tempo gli passa di fianco senza guardare, né lo tocca. I
teorici del dolore romantico hanno virtù mangiate
dalla logica/alternano/passano dal ramo che
trema nel becco di un uccello a gettare nella spazzatura
i loro fantasmi. La perdita ammira quella volontà del
mai fu, soffoca più di un astro nelle sue combinazioni
secche. Sono strade prestate al disagio
di sé tra la terra e il cosmo che un dato giorno
terminerà.

A Jean Allouch

 

 

 

 

 

XLVII

Vuoti del presente disturbano il passato. Nella
assemblea delle perdite, qualche amore alza la sua fiamma
con l’umiltà felice di quel che poteva essere. I
nemici tacciono e la notte nuda detta maniere/
ricchezze del corpo che sopporta. La tempesta
fabbrica vicoli, dialetti, assorbe codici
immobili.

 

 

 

 

 

LXIV

La città fonde amianti perduti, ama così. Non
le serve volare, pratica rischi per anime prede
di prigioni della ragione, cambia le relazioni del
fallimento col fallimento in una notte lunga che
non vuole lasciare. Le sue mille lingue sono libere da
qualunque ossessione, hanno boschi frondosi nei
quali vita e morte si abbracciano senza pagare. Crescessero
in quel modo le fioriture dell’amore fedele ai suoi
colori andati.

 

 

 

 

 

LXVIII

Come entrare nell’oscurità della coscienza, le sue
pietre a proposito, la delimitazione dei suoi specchi.
La bellezza tace accanto al malato dell’epoca.
Chi inchiodò accecamenti davanti alle creature della
stupidità? I suoi rancori cadono rapidi in organi
della ragione. Il futuro è triste in pensieri
impensabili e i cardellini cantano in voli che
se ne andranno. Le fantasie violente del dentro sono crudeli
verso l’alto, la loro utilità è tradimento e nessuno coltiva
le terre dello spavento. Il vento spazza la sabbia
del deserto, i fulgori del male, si dica pure quel che si
vuole delle autonomie dell’amore.

A José Ángel Leyva

 

 

 

 

 

LXXIV

Le gioie del vuoto azzurro che bagna i vestiti percorsero
secoli di voce umana. Eccole, con una
rosa naturale nella mano che sa non sapere.
Nell’ignoranza di sé lascia crescere fulgori che
verranno. Così possiede l’istante dello spossessamento,
dentro la passione di fuori restituita alla sua passione. Quello
che vuole essere nome pattuglia freddi dello stare. Ha
stupori di alunno che non impara i disamori
che convengono, le tenebre dell’oro o carne
abbandonata, il libro delle paure. Nelle delizie
dell’azzurro vuoto tutto è promessa/gli impossibili
dell’inganno/la soavità lunare che vola nella sfortuna/
l’essere oscuro che persiste.

A François Cheng

 

 

 

 

 

LXXV

C’è una stanza che ha fiumi nelle follie
del ritorno. La navigano singhiozzi, un assoluto di
percalle, dialoghi del sì e del no nelle diverse parti
dell’ombra. Il sangue si avvicina alle sue derivazioni
e contempla servizi dell’errore. Il caso
non se ne vuole mai andare. Bellezza mortale non vinta
stende lezioni come vestiti e il suo miracolo tace,
appende ore ardenti della grandezza che fosti. Gli
interscambi dell’armonia storpia cozzano con le
fucilazioni. Il sonno è due assoli in un angolo della
scrittura. Il mare/il mare.

 

 

 

 

 

LXXVIII

Le erezioni del Potere non hanno estasi, la sua avidità
non unisce ori del linguaggio. Negli orologi della
sua dissoluzione navigano barche con la prua sprofondata,
magneti ossidati di penne ben tagliate, parlamenti
canaglie. L’osservazione del sole crea occhi
multipli, si rovesciano paesi lontani nella sua virtù
di prova e l’atto di insistere mangia il pane che
infornò. La libertà negata non muore tanto giovane,
esplora le possibilità del confine. Il caso mostra
organi strani con luce inestinguibile. Tanta miseria
finalmente, tanto volo senza orma ancora.

A Eric Nepomuceno

 

 

 

 

 

LXXXII

Il linguaggio è un osso, vaga a suo capriccio prima di
possedere il figlio. Nelle sue pause si mangia all’infinito e
la sua unione col desiderio mondiale abbraccia la discontinuità
che nomina. È libero in sospensioni
dell’origine, conosce la sua durata nell’istante in cui
se ne va. Gli pesa l’innocenza del circolo, tanta miseria
intorno. Penetra le unità incomplete.
Quanta parola ricacciata indietro aspettando una culla.

A Jacques Ancet

 

 

 

 

 

LXXXIII

Non ci sono monete né spiccioli nella tomba di Dio,
c’è la culla del vuoto, lasciate ogni ignoranza voi
ch’intrate. Il desiderio si libera di tatuaggi sotto
la luna che si bagnò nel fiume e tanta assenza/
tanta barbarie/tanta bestia che mangia il cuore.
Non si sente alcun volo d’uccello ancora,
non ci sono ombre né altro che occupi quell’infinità.
Dal finis mare partono navi senza porto, i timori
che lasciarono casa, ambivalenze del tremore. La
qualità del variabile è cieca di fronte all’azzurro senza
orme dell’umano. La lettera sotto non basta
a tristezza. La carta vecchia attende che la verità
scriva tutto quel che non sa.

A Herbert Frey

Juan Gelman: poeta, giornalista e traduttore, nacque il 3 maggio 1930 a Buenos Aires, figlio di immigranti ebrei ucraini. Fu capo di redazione del rivista “Panorama” (1969), segretario di redazione e direttore del supplemento culturale del quotidiano “La Opinión” (1971 -1973), segretario di redazione della rivista “Crisis” (1973 -1974), e capo di redazione delle quotidiano “Noticias” (1974). Militò in organizzazioni di sinistra e si esiliò a Roma, Madrid, Managua, Parigi, New York e in Messico durante la dittatura militare argentina, che sequestrò e assassinò il figlio e la nuora. Da 1988, si stabilì a Città del Messico, dove morì il 14 gennaio del 2014.

Tra i suoi libri ricordiamo: Gotán (1962), Cólera buey (1965), Los poemas de Sidney West (1969), Relaciones (1973), Carta abierta (1980), Hacia el sur (1982), Bajo la lluvia ajena (notas al pie de una derrota) (1983), Anunciaciones (1985), Dibaxu (1985), Carta a mi madre (1987), Salarios del impío (1993), Incompletamente (1995), Tantear la noche (2000), Valer la pena (2001), País que fue será (2004), Miradas (2006), Mundar (2007) y De atrásalante en su porfía (2009).
Più volte candidato al Premio Nobel per la Letteratura, ricevette tutti i più grandi riconoscimenti destinati alla poesia di lingua spagnola, tra cui il Premio di Letteratura latinoamericana e dei Caraibi Juan Rulfo nel 2000, il Premio Pablo Neruda e il Reina Sofía per la Poesia ibero-americana nel 2005 e il Premio Cervantes nel 2007. 

Di Juan Gelman Edizioni Kolibris ha già pubblicato la raccolta dibaxu/sotto, in edizione trilingue sefardita-spagnolo-italiano, con introduzione e traduzione di Alessandro Ghignoli.

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