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Nilton Santiago

Schermata 2015-01-27 a 10.15.22

Da oggi ogni due settimane nella nostra rubrica dedicata alla giovane poesia internazionale faremo un focus sulla poesia peruviana delle ultime generazioni; vi presenteremo i poeti presenti nell’antologia Guardando sul fieno. Rassegna di poesia peruviana recente, pubblicazione digitale dedicata ai giovani autori peruviani che hanno pubblicato negli ultimi due decenni (2000-2014), curata dal poeta Mario Pera ed edita in e-book da Vallejo & Co. Cominciamo con la poesia di Nilton Santiago.

Nilton Santiago (Lima, Perú) laureato in Diritto e Scienze Politiche e autore delle raccolte poetiche El libro de los espejos [Il libro degli specchi; 2° Premio Copé de Poesía 2003 alla sua XI Bienale] e La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad [L’oscurità dei gatti è la nostra oscurità; II Premio Internazionale della Fondazione “Centro de Poesía José Hierro”]. Di recente ha pubblicato con Visor Libros El equipaje del ángel [L’equipaggio dell’angelo; XXVII Premio “Tiflos” di poesia] ed è giunto finalista all’ultima edizione del Premio “Adonáis” di Poesia 2014. Attualmente vive a Barcellona.

 

 

 

da El equipaje del ángel, Visor Libros, Madrid 2014

 

 

 

LA HERMENÉUTICA DEL CARACOL

 

Me juego una semilla de girasol

a que nadie sabía que las ovejas no beben agua en movimiento

o que, de promedio, una persona tiene más de 1460 sueños al año

eso sí, sabemos que algunos búhos seducen a los árboles

para llevarse de paseo la sonrisa de los suicidas

o, simplemente, para beber las lágrimas que Baruch Spinoza abandonó

cuando se enteró de que sus filosofadas sobre la “sustancia divina infinita”

(que para él era la realidad o Dios) eran un cuento chino.

Es cierto, la vida se parece demasiado a un montaje de Brecht

y muchas veces la soledad nos pilla los dedos

aunque vayamos de monjes zen o de fumadores de albahaca

dímelo tú, que pasas frio en mi corazón

y te niegas a salir de casa sin un extintor para besos de alto voltaje.

(Un extintor puede que sea tan inocente como un cuchillo de madera

que regresa al bosque para atentar contra los aserraderos).

Siguiendo esta misma lógica, ahora pienso que el océano que tienes bajo tu cama

tiene los modales de un gato, es decir, cuando le da la gana

escupe botellas con mensajes de amor como si fueran una bola de pelo.

Sería un crimen decir que para algunos filósofos presocráticos

las veinteañeras están llenas de buenas intenciones

o que las mariposas filosóficas son la solución para olvidar a Wagner,

es verdad, como ellos, también hay astrónomos que no saben llevar una bicicleta

y confunden fácilmente estar enamorados

con tener ganas de comerse uno de los hoyuelos de tus mejillas

pero qué demonios, a todos nuestra primera novia nos dejó el corazón hecho añicos

y todos en mi país creímos que la lucha armada no se nos iría de las manos.

 

Bien sabes que no hace falta secuestrar la conciencia de un oficinista

para darte cuenta de que a este mundo le falta un tornillo:

es sociológicamente admisible saquear un banco o engañar a un querubín

con comida para aves a cambio de entrar al cielo,

pero si denuncias a un político que ha ganado la lotería 20 veces en un año

probablemente tendrás que empacar tus lágrimas y tirarlas por el retrete

no obstante no os hagáis los despistados,

escribid con una pluma de vuestra espalda,

salid a la calle sin abrir las alas

y veréis que tampoco vosotros sois los que creías.

 

 

L’ERMENEUTICA DELLA LUMACA

 

Mi gioco un seme di girasole

che nessuno sapeva che le pecore non bevono acqua in movimento

o che, mediamente, una persona ha più di 1460 sogni all’anno

quello sì, sabbiamo che alcuni gufi seducono gli alberi

per levarsi dai piedi il sorriso dei suicidi

o, semplicemente, per bere le lacrime che Baruch Spinoza abbandonò

quando si accorse che le sue filosofate sulla “sostanza divina infinita”

(che per lui era la realtà o Dio) erano un racconto cinese.

È vero, la vita somiglia troppo a un montaggio di Brecht

e molte volte la solitudine ci becca le dita

benché ce ne andiamo come monaci zen o fumatori di basilico

dimmelo tu, che hai freddo nel mio cuore

e rifiuti di uscire di casa senza un estintore per baci ad alto voltaggio.

(Un estintore può essere innocente quanto un cucchiaio di legno

che torna nel bosco per attentare alle segherie).

Seguendo questa stessa logica, ora penso che l’oceano che hai sotto il letto

si comporti come un gatto, ovvero, quando gli pare

sputi bottiglie con messaggi d’amore come fossero palle di pelo.

Sarebbe un crimine dire che per alcuni filosofi presocratici

le ventenni sono piene di buone intenzioni

o che le farfalle filosofiche sono la soluzione per dimenticare Wagner,

è vero, come loro, ci sono astronomi che non sanno portare una bici

e facilemnte confondono l’essere innamorati

con l’aver voglia di mangiarsi una delle fossette delle tue guance

però che diavolo, a tutti noi la prima ragazza ha fatto il cuore a pezzi

e tutti nel mio paese credevamo che la lotta armata non ci sarebbe sfuggita di mano.

 

Sai bene che non è necessario sequestrare la coscienza di un impiegato

per renderti conto che a questo mondo manca una rotella:

è sociologicamente ammissibile saccheggiare una banca o ingannare un cherubino

con del cibo per uccelli in cambio dell’accesso al cielo,

però se denunci un politico che ha vinto la lotteria 20 volte in un anno

probabilmente dovrai impaccare le tue lacrime e buttarle nel gabinetto

comunque non fate i distratti,

scrivete con una piuma della vostra spalla,

uscite in strada senza aprire le ali

e vedrete che neanche voi siete quelli che credevate.

 

 

PARA HACER LLORAR A LOS PECES

 

Dylan Thomas decía que la obligación de un ángel es ser bien recibido

en un depósito de cadáveres

arrodillarse toda la noche ante un árbol desahuciado

ponerse las botas / romperse un diente / hacer una huelga de hambre en la imaginación de una libélula.

Esto pensaba Dylan cuando se ganaba la vida como reportero

y no tenía pasta ni para los espaguetis.

Hay quien dice que ellos viven como pueden,

sobornando a editores y columnistas, robándole el queroseno a las estrellas

que aún se están forjando a martillazos.

No es que ahora las libélulas puedan compararse con el ruido de tu corazón al despertarse,

no es que ahora el capitalismo se haya convertido en un equilibrista

cruzando los edificios de Manhattan

vestido como una hermanita de la caridad

caramba, ya se me vuelve a ir la pinza en este abecedario de agua

y ahora pienso en que a la “izquierda” le cuesta mantener el rumbo

o en la correspondencia que Galileo mantuvo con Kepler

también pienso en Yeats, aquel muchacho de la camisa arrugada

que sustrajo la transparencia de la mirada de los pájaros.

Ya que estamos, tampoco Caitlin, la mujer de Dylan, tenía ni puta idea

de cómo planchar sus camisas

o que sus días de borrachín en el Mermaid Hotel serían su pan de cada día,

pero así es el amor, una lágrima a la que se le ven las costuras.

Unos ojos de hierro y forjados los míos, dice Westphalen,

esto y no otra cosa hace falta para llorar bajo el agua, esto y no otra cosa…

(ya se sabe que es imposible llorar bajo el mar

y que una persona parpadea aproximadamente 25 mil veces por semana)

Dicen que antes de aprender a llorar,

Dylan ya sabía que su patria sería una copita de whisky,

un sorbo del anochecer anterior al nacimiento del mundo,

un platito de berberechos que lo alimentaba cuando sacaba a pasear a su soledad.

 

En eso creo yo y no en los días que le quedan a las estrellas en las cunetas

también las luciérnagas tienen los días contados,

como los poetas reporteros,

y los sueños de los taxistas que esperan a los pájaros en los aeropuertos,

después de las migraciones de invierno,

es una lástima, Dylan, que también la soledad sea un abrazo sobre las vías de un tren,

inocente,

como un teléfono descolgado,

abandonado a su suerte como un perro después de la temporada de caza,

pero es que no nacen los aviones para transportar a los pájaros,

queridos amigos taxistas -diría Dylan-

ni las estatuas para llorar los poemas de Keats, replicaría el chico judío

que cambió su nombre por el de Bob Dylan.

Es cierto, también las estatuas de Roma tienen anginas

y lloran desmesuradas lágrimas

cuando ven caer el párpado de Dios

y entonces los pájaros y los aviones adelgazan hasta ser septiembre

hasta soñar como centauros en las guarderías.

 

Que nadie se lo tome a mal, pero ningún perro engorda lamiendo

y no, no creo que este poema sea bien recibido en ese depósito de cadáveres

que a veces son los libros, pero esto ya lo sabíamos

porque también a Dylan,

como a este poema de falso amor, se le iba la pinza.

 

PER FAR PIANGERE I PESCI

 

Dylan Thomas diceva che un angelo ha l’obbligo di essere ben accolto

in un deposito di cadaveri

d’inginocchiarsi tutta la notte davanti a un albero spacciato

far fortuna / rompersi un dente / fare uno sciopero della fame nell’immaginazione di una

libellula.

Questo pensava Dylan quando si guadagnava da vivere come reporter

e non aveva pasta per gli spaghetti.

C’è chi dice che loro vivano come possono,

corrompendo editori e colonnisti, rubando il cherosene alle stelle

che ancora si stanno forgiando a martellate.

Non è che ora le libellule si possano paragonare col rumore del tuo cuore al risveglio,

non è che ora il capitalismo si sia convertito in un equilibrista

che passa da un edificio all’altro di Manhattan

vestito come una suorina della carità

caspita, già rivado fuori di testa in questo abbecedario d’acqua

e ora penso che alla “sinistra” costi mantenere la direzione

o alla corrispondenza che Galileo teneva con Keplero

e penso anche a Yeats, quel ragazzo dalla camicia spiegazzata

che sottrasse agli uccelli la trasparenza dello sguardo.

A dirla tutta, neppure Caitlin, la moglie di Dylan, aveva la minima idea

di come stirargli le camicie

o che i suoi giorni da ubriacone al Merbaid Hotel sarebbero stati il suo pane quotidiano,

però così è l’amore, una lacrima cui si vedono le cuciture.

Occhi di ferro e forgiati i miei, dice Westphalen,

questo e nient’altro serve per piangere sott’acqua, questo e nient’altro…

(già è risaputo come sia impossibile piangere sotto il mare

e come una persona ammicchi venticinquemila volte a settimana circa)

Dicono che prima di imparare a piangere,

Dylan già sapesse che avrebbe avuto per patria un cicchetto di whisky,

un sorso di crepuscolo anteriore alla nascita del mondo,

un piattino di cuori di mare che lo alimentava quando portava a spasso la sua solitudine.

 

È a questo che credo, non ai giorni che restano alle stelle nei fossi

anche le lucciole hanno i giorni contati,

come i poeti reporter,

e i sogni dei tassisti che attendono gli uccelli negli aereoporti,

dopo le migrazioni dell’inverno,

è un peccato, Dylan, che anche la solitudine sia un abbraccio sui binari di un treno,

innocente,

come un telefono staccato,

abbandonato alla sua sorte come un cane dopo la stagione della caccia,

ma è che gli aerei non nascono per trasportare gli uccelli,

cari amici tassisti –direbbe Dylan-

né le statue per piangere le poesie di Keats, risponderebbe il ragazzo ebreo

che cambiò il suo nome in quello di Bob Dylan.

Certo, anche le statue di Roma si ammalano di angina

e piangono lacrime smisurate

quando vedono calare la palpebra di Dio

e allora gli uccelli e gli aereoplani si sfinano fino a settembre

fino a sognare come centauri negli asili.

 

Che nessuno se la prenda, ma non c’è cane che ingrassi leccando

e no, non credo che questa poesia sia ben accolta in questo deposito di cadaveri

che a volte sono i libri, però questo già lo sappiamo

perché anche Dylan,

come questa poesia di falso amore, usciva di testa.

 

 

 

 

 

LAS MUSAS SE HAN IDO DE COPAS

 

Camino entre el frío que se desploma de tu mirada y las manecillas de los relojes de arena que, imperfectos, dejan de pensar que el tiempo es una lágrima malherida. Temo eso de lo que me hablas, eso de que a veces las palabras son la costura del silencio o que hay ángeles que se frotan las alas ante la mesa servida de tu sonrisa. Acabo de ver a Carlos Edmundo de Ory saliendo del cine, creo que también llevaba puesta tu sonrisa, como una consigna, como una cita a ciegas con el amanecer. Ayer fue abril, ese líquido mes, nubladas cigüeñas cayeron de sus jaulas y, aún a medio hacer, han legislado sobre la inutilidad de mis sueños. Dices que hay temor en los suburbios de tu corazón y también en la mirada de los gorriones que salen de compras y olvidan que los pájaros son las monedas de cambio de los animales terrestres, como nosotros. Llego a casa, has reivindicado a las cacerolas y a las sartenes como armas de destrucción masiva de mi soledad, no obstante, como tu corazón, hoy están en huelga y paso hambre. Me quito el abrigo y lo meto en la nevera –para que no se malacostumbre- tu mirada sobre el espejo del baño es la puerta por donde se escapan millones de besos carnívoros. Sufro por el estado de la tempestad en la sonrisa que llueve de tu sonrisa y, por un segundo, sueño que un enjambre de ex novias desciende por las escaleras de incendios y sucede que soy yo el pirómano y que una vez más te he acusado a ti de apagar el incendio que nos separa con un cubo de lágrimas. Crisantemos. Llueven crisantemos y sandias descalzas. Cerrar el paraguas es como quitarle el sujetador a una nube. Confío en que sabes que media docena de sueños no hacen el verano. Confío en que no es verdad eso de que los libros sangran, como si las palabras descargaran nubes llenas de tu nombre. Este poema es el comienzo de la bienaventurada estrella y del bienaventurado despertador de tu ausencia, el utensilio casero de la fragilidad que nos reparte tarjetas de visita y las lágrimas de los ludópatas que se juegan tu soledad al póquer. Huye de mis labios tocando la niebla, me dices, huye de los relojes de arena que retraso cada día, como si retrasar el tiempo fuera evitar que la lasaña deje de ser el experimento nuclear del amor. Cierras mis labios con un telegrama lleno de tus labios. A las puertas y a las ventanas hay que vendarlas, dices, hay que prescribirles un par de cucharadas de tristeza. Nada de besos isotónicos, nada de ceremonias entre desnudos cuerpos solares, nada de hematomas en las farmacias de la nostalgia. La poesía, entonces, levanta su tenderete, sube por la escalera de incendios y me pone dos monedas sobre los ojos, como si ese fuese el precio de dejar que las musas se vayan de copas hasta las mil y, en su lugar, pasarme la noche venerando tus pecas.

 

 

 

LE MUSE SONO ANDATE A FARSI UNA BEVUTA

 

 

Cammino tra il freddo che ti crolla dallo sguardo e le lancette degli orologi di sabbia che, imperfetti, smettono di pensare che il tempo sia una lacrima gravemente ferita. Temo ciò di cui mi parli, il fatto che a volte le parole siano la cucitura del silenzio o che ci siano angeli che si sfregano le ali davanti alla tavola imbandita del tuo sorriso. Ho appena visto Carlos Edmundo de Ory uscire dal cinema, credo che portasse anche la posta del tuo sorriso, come una consegna, come un appuntamento al buio con l’alba. Ieri era aprile, questo mese liquido, cicogne di nuvole caddero dalle sue gabbie e, anche se a metà dell’opera, hanno legiferato sull’inutilità dei miei sogni. Dici che c’è timore nei sobborghi del tuo cuore e anche nello sguardo dei passeri che escono dai negozi e dimenticano che gli uccelli sono la moneta di cambio degli animali terrestri, come noi. Arrivo a casa, hai rivendicato pentole e padelle come armi di distruzione di massa della mia solitudine, nonostante, come il tuo cuore, oggi siano in sciopero e io abbia fame. Mi tolgo il cappotto e lo metto nel frigo – perché non si sciupi – il tuo sguardo sullo specchio del bagno è la porta da cui sgusciano milioni di baci carnivori. Soffro per lo stato della tempesta nel sorriso che ti piove dal sorriso, e, per un secondo, sogno che uno sciame di ex fidanzate scenda dalle scale antincendio e che il piromane sia io e che ancora una volta ti abbia accusato di spegnere con un cubo di lacrime l’incendio che ci separa. Crisantemi. Piovono crisantemi e angurie scalze. Chiudere l’ombrello è come togliere il reggiseno a una nuvola. Confido tu sappia che mezza dozzina di sogni non fanno l’estate. Confido non sia verità ciò che sanguina dai libri, come se le parole scaricassero nuvole colme del tuo nome. Questa poesia è l’inizio della felice stella e della felice sveglia della tua assenza, l’utensile casalingo della fragilità che ci distribuisce biglietti da visita e le lacrime dei ludopati che si giocano a poker la tua solitudine. Fuggi dalle mie labbra che toccano la nebbia, mi dici, fuggi dagli orologi di sabbia che ogni giorno riporto indietro, come se riportare indietro il tempo fosse evitare che la lasagna smetta di essere l’esperimento nucleare dell’amore. Chiudimi le labbra con un telegramma pieno delle tue labbra. Le porte e le finestre bisogna bendarle, dici, bisogna prescrivere loro un paio di cucchiai di tristezza. Niente baci isotonici, niente cerimonie tra nudi corpi solari, niente ematomi nella farmacia della nostalgia. La poesia, allora, alza la sua bancarella, sale per la scala antincendio e mi mette due monete sugli occhi, come fosse il prezzo per lasciare che le muse vadano a farsi una bevuta a oltranza e, al loro posto, passare la notte venerando le tue lentiggini.

 

LA SOLEDAD NUNCA NOS DEJA A SOLAS

 

En poesía 1 + 1 es “0”, es decir, una rosa enferma, solía decir Lawrence Ferlinghetti

ese animal paradójico que recogía toda la luz de la luna por las noches

para luego venderla en las gasolineras,

en cualquier caso, también el pintalabios de Gisele Bündchen

no es lo que parece, es decir, todas las primaveras que ha padecido el mundo

encerradas en un espejo que ha olvidado su oficio,

es decir, fabricar estrellas de mar y venderlas

como se vende el agua embotellada los días que llueven erizos.

La mañana del 24 de marzo de 1919 encalló, cerca de Yonkers, New York,

el arca de los dones, en la vida “real” esto no sería más que otro suceso naufragando

en la portada de los telediarios

pero en poesía, significó la llegada al mundo de Lawrence,

buen amigo de Allen y de los dos “Jack” (Kerouac & Prévert)

a los 14 años ya rasguñaba las estrellas con su maquinilla de afeitar

y a los 30 ya había hecho un doctorado en la Sorbonne

sobre la influencia del chamanismo en Wall Street,

aunque él lo hubiese querido hacer sobre los desayunos de Ezra Pound

o sobre los ronquidos de Gregory Corso.

 

Otra mañana, esta vez en Río Grande do Sul, llegó a la tierra el origen del mundo,

es decir, Gisele,

la descubrieron cuando tenía 13 años regando, con la mirada, las estrellas de su jardín

esto pasó en la vida real pero en poesía queda mejor decir que la vieron

devorando una hamburguesa

mientras discutía con el sastre de la imaginación de Ronald McDonald.

Ahora, a los 30, Gisele ya no deja en bragas a la estatua de la libertad

ni paraliza la respiración de Dios cuando éste espía el mundo a través de sus ojos

pero sigue alborotando el gallinero, es decir, la gota de rocío que es el mundo

entre sus manos limpias de enfermera de guerra.

 

En poesía, “0” + “0” es el origen del universo y también de la mirada de Cesare Pavese

esto no lo escribí yo a los 13 años

porque nunca tuve 13 años, sino 365 días llenos de pompas de jabón,

esto se diría así en la vida real

pero en poesía, 365 pompas de jabón es lo mismo que decir 15 atentados con “coche bomba”.

En ese entonces, mi soledad huía de los toques de queda y de los controles militares

y se quedaba quieta, bajo la sábana, luchando contra los molinillos de viento

que eran las sombras de las velas en los candelabros,

esas que solíamos tener en casa por la falta de luz eléctrica.

 

Ahora se me “está pasando el arroz” (pensar en hijos me da sarpullido)

y no tengo en el banco ni 30 estrellas vegetales de Tartaria

no tengo ningún doctorado y tengo miedo hasta de la guardia urbana,

es cierto, ya no existe Sendero Luminoso

ni el ejército revolucionario para la liberación de las flores,

pero mi soledad aún sigue allí, despierta bajo las sábanas de tu nombre

bien repartida entre 365 días llenos de pompas de jabón.

 

Por cierto, dicen que nuestro corazón late más de 100.000 veces al día

y que la luna, ese vertedero de lágrimas, pesa 81 billones de toneladas

no obstante, en materia poética,

esto es, en la vida real, la luna tiene el peso exacto del corazón de Giselle

es decir, el de 100.000 pompas de jabón,

esto me lo contó una vez Lawrence,

buen amigo de los chatarreros del paraíso que algunos han visto en su corazón.

 

 

 

 

LA SOLITUDINE NON CI LASCIA MAI SOLI

 

In poesia 1 + 1 fa “0”, ovvero, una rosa malata, diceva Lawrence Ferlinghetti

quell’animale paradossale che di notte raccoglieva tutta la luce della luna

per poi venderla nei distributori di benzina,

in ogni caso, anche il rossetto di Gisele Bündchen

non è quello che sembra, cioè, tutte le primavere che ha patito il mondo

chiuse in uno specchio che ha scordato la propria funzione,

ovvero, fabbricare stelle di mare e venderle

come si vende l’acqua imbottigliata nei giorni che piove a catinelle.

La mattina del 24 marzo del 1919  s’incagliò, nei pressi di Yonkers, New York,

l’arca dei doni, nella vita reale questo non sarebbe che un altro successo che naufraga

nella prima pagina dei telegiornali

invece in poesia, significò la venuta al mondo di Lawrence,

buon amico di Allen e dei due “Jack” (Kerouac & Prévert)

a 14 anni già sfregiava le stelle con l’affettatrice

e a 30 già aveva fatto un dottorato alla Sorbonne

sull’influenza dello sciamanesimo in Wall Street,

anche se avrebbe voluto farlo sulle colazioni di Ezra Pound

o sui russamenti di Gregory Corso.

 

Un’altra mattina, stavolta a Río Grande do Sul, toccò terra l’origine del mondo,

ovvero, Gisele,

la scoprirono mentre a 13 anni irrigava, con lo sguardo, le stelle del suo giardino

questo accadde nella vita reale, però in poesia è più bello dire che la videro

mentre divorava un hamburgher

mentre discuteva col sarto dell’immaginazione di Ronald McDonald.

Ora, a trent’anni, Gisele non lascia più la statua della libertà in mutande

né paralizza il respiro di Dio quando questi spia il mondo attraverso i suoi occhi

ma continua a turbare il pollivendolo, ovvero, la goccia di rugiada che è il mondo

tra le sue mani pulite di infermiera di guerra.

 

In poesia, “0” + “0” è l’origine dell’universo e anche dello sguardo di Cesare Pavese

questo non lo scrissi a 13 anni

perchè non ebbi mai 13 anni, ma 365 giorni pieni di bolle di sapone,

questo si direbbe nella vita reale

invece in poesia, 365 bolle di sapone è come dire 15 attentati con “auto bomba”.

A quel tempo, la mia solitudine fuggiva dai coprifuoco e dai controlli militari

e restava quieta, sotto la savana, lottando contro i mulinelli di vento

che erano le ombre delle candele nei candelabri,

quelle che avevamo sempre in casa per la mancanza di luce elettrica.

 

Ora “sto perdendo il treno” (pensare ai figli mi dà l’orticaria)

e non ho in banca le 30 stelle vegetali di Tartaria

non ho nessun dottorato e ho paura perfino del vigile urbano,

è vero, non esiste più Sentiero Luminoso

né l’esercito rivoluzionario per la liberazione dei fiori,

però la mia solitudine è ancora lì, sveglia sotto le savane del tuo nome

ben suddivisa tra 366 giorni pieni di bolle di sapone.

 

Certo, dicono che il nostro cuore batta più di 100.000 volte al giorno

e che la luna, quella discarica di lacrime, pesi 81 bilioni di tonnellate

nonostante, in campo poetico,

sia così, nella vità reale, la luna ha il peso esatto del cuore di Giselle

ovvero, quello di 100.000 bolle di sapone,

questo me lo raccontò una volta Lawrence,

buon amico dei rottamai del paradiso che alcuni gli hanno visto nel cuore.

 

 

FILOSOFÍA PARA GATOS

 

Heráclito, el oscuro de Éfeso, decía que lo difícil no es salir a la calle,

sino levantarse de la cama y ser el mismo que desembarcó del sueño anterior

estaba como una cabra, según se ve

y estoy casi seguro que le costaba más pensar en la compra de la semana

o en llevar su traje a la tintorería

que hacer un aforismo sobre lo que costaría el oráculo de Delfos en Christie’s 

o sobre la doctrina cosmológica del eterno retorno

en el corazón de los músicos ambulantes o de los maquinistas de los trenes

-ya se sabe que para él era cosa de niños esto de la filosofía-

precisamente por eso decía que no se puede entrar dos veces al mismo río

o enamorarse de la misma nena dos veces en la misma noche.

Varios siglos después, aún sigue siendo difícil prepararse el café

tostar el pan que aún aúlla en los hornos de la noche

y pensar que nunca la misma tostadora tuesta el pan de la misma manera.

Es cierto, este poema no es más que filosofía barata

alta bisutería hecha de palabras e intersticios, no obstante,

no os habéis preguntado ¿por qué demonios

siempre se caen las tostadas por el lado de la mantequilla?

o ¿por qué nieva cuando un ángel se suicida?

Hoy, desde este lado del corazón,

-frío, como la purísima sangre de una estrella que se desvía de su curso-

te confieso que ya paso de dejarle monedas a las estrellas de tu mirada

de adjetivar la lágrima que nos hace llorar como peces

(de insistir en que la soledad es aproximarse a la vida o más bien su limosna)

y de leerte el testamento lunar de un chalado, como Heráclito,

y otras tonterías de las buenas que nos hacen acercarnos

como dos solitarias aves que acaban de perder el autobús,

porque tienen miedo a volar.

 

Ahora, desde este lado de la luna llena o de tu cama

(que son el mismo lado de la sonrisa de Dios)

tengo que confesarte que mi corazón no sabe que existo.

y tú tampoco,

y ahora es cuando tienen sentido todas las condenaciones eternas del amor,

incluida la soledad itinerante de los gorriones

que se escapan cuando abres un libro de Paul Auster

para leerme la suerte.

Con la tontería, va a ser cierto que “a perro flaco todo son pulgas”

o eso de que los habitantes de Yoro, en Honduras,

dicen que cada año les llueven peces del cielo.

 

 

FILOSOFIA PER GATTI

 

Eraclito, l’oscuro di Efeso, diceva che il difficile non è uscire in strada,

ma alzarsi dal letto ed essere lo stesso che sbarcò dal sonno anteriore

stava come una capra, come si vede

e sono quasi sicuro che gli costasse più pensare alla spesa della settimana

o a portare il suo abito in tintoria

che fare un aforisma su ciò che costerebbe all’oracolo di Delfi al Christie’s 

o sulla dottrina cosmologica dell’eterno ritorno

nel cuore dei musicisti ambulanti e dei macchinisti dei treni

–si sa già che per lui la filosofia era un gioco da bambini–

proprio per questo diceva che non si può entrare due volte nello steso fiume

o innamorarsi della stessa ragazza due volte nella stessa notte.

Molti secoli dopo, è ancora difficile prepararsi il caffè

tostare il pane che ancora ulula nei forni della notte

e pensare che lo stesso tostapane non tosta mai allo stesso modo.

È vero, questa poesia non è che filosofia a buon mercato

alta bigiotteria fatta di parole e interstizi, eppure,

non vi siete domandati perché diavolo

le fette biscottate cadano sempre dal lato del burro?

O perché nevichi quando un angelo si suicida?

Oggi, da questo lato del cuore,

– freddo, come il sangue purissimo di una stella che devia dal suo corso –

ti confesso che ormai smetto di lasciare monete alle stelle del tuo sguardo

e aggettivare la lacrima che ci fa piangere come pesci

(e insistere che la solitudine è avvicinarsi alla vita o meglio alla sua elemosina)

e di leggerti il testamento lunare di un folle, come Eraclito,

e altre sciocchezze belle e buone che ci fanno avvicinare

come due uccelli solitari che hanno appena perso l’autobus,

perché hanno paura di volare.

 

Ora, da questo lato della luna piena o del tuo letto

(che sono lo stesso lato del sorriso di Dio)

devo confessarti che il mio cuore non sa che esisto.

e io nemmeno,

ed è ora che hanno senso tutte le condanne eterne dell’amore,

compresa la solitudine itinerante dei passeri

che fuggono quando apri un libro di Paul Auster

per leggermi la sorte.

Con la stupidità, sarà vero che “piove sempre sul bagnato”

o che gli abitanti di Yoro, in Honduras,

dicono che ogni anno da loro piovano pesci dal cielo.

non fate i distratti,

scrivete con una piuma della vostra spalla,

uscite in strada senza aprire le ali

e vedrete che neanche voi siete quelli che credevate.

 

altre poesie di Nilton Santiago nel sito di Parco Poesia

 

 

 

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