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Versi Tra le sbarre (a cura di William Navarrete)

Versi tra le sbarre. Sette poeti cubani prigionieri

A cura di William Navarrete
Traduzioni di Elisa Montanelli, copertina di Elena Migliorini

 

Edizioni Il Foglio 2006

Siete poetas cubanos cautivos

por William Navarrete

La primavera de 2003 se rememorará en la historia de Cuba como una de las jornadas más negras que haya vivido la isla, en que la represión más despiadada de un régimen totalitario, moribundo y obsoleto, contra civiles —exactamente contra 75 activistas pacíficos de derechos humanos— provocara un amplio movimiento de consternación y de solidaridad a lo largo de todo el mundo.

A las 75 víctimas del férreo totalitarismo castrista se les arrestó, juzgó expeditivamente y condenó a injustos años de encarcelamiento de hasta 28 años por el simple delito de opinar libremente, de fundar asociaciones o fuerzas opositoras pacíficas que se opusieran, con el único recurso de la palabra como arma de combate, a un oscuro régimen de cuatro décadas encabezado desde sus orígenes por el mismo dictador.

Entre los condenados había algunos escritores y no pocos periodistas independientes. También había poetas. Los años de cautiverio, detrás de sórdidos muros, incomunicados de sus familiares, donde han sobrevivido (y sobreviven) humillados, desnutridos y enfermos, lejos de restar valor a estos hombres, han determinado que muchos de ellos, que hasta entonces no habían incursionado en el ámbito de la poesía, escribieran los primeros versos que se arrojarían, como ahora en este libro, sobre las imprentas del mundo.

Así llegan, por vez primera a Italia y en lengua italiano, los versos de siete de estos extraordinarios hombres, a un público que en muchas ocasiones ignora, o finge ignorar, el drama cotidiano de los cubanos y el peso atroz del régimen dictatorial que agobia desde hace casi medio siglo a la isla. Esta empresa, ardua   si   consideramos la dificultad de  comunicación como resultado   del monopolio  de la información  ejercido por el régimen castrista, no hubiera podido vera la luz sin el entusiasmo y la determinación de Gordiano Lupi y las ediciones Il Foglio que dirige. Tampoco sin el trabajo coscienziudo de Elisa Montanelli quien los ha traducido a la lengua de Dante.

De los siete poetas antologados en esti libro, in permanecen aún en prisión: Ricardo González Alfonso, Omar Moisés Ruiz Hernández y Regis Iglesias Ramírez. Uno ha sido liberado con licencia extrapenal, pero el gobierno de La La Habana le niega la salida del país aún cuando tiene visa para emigrar a Estados Unidos: Jorge Olivera Castillo. Otros dos, Manuel Vázquea Portal y Raúl Rivero, pudieron salir de la isla después que la presión internacional y la rebeldía inclaudicable de sus actos obligaran al régimen a deshacerse de ellos por la vía del destierro. El primero, vive hoy en Miami junto a su esposa e hijo y es un activo periodista de la red de noticias Cubanet, la más importante en materia de temas cubanos. El segundo, Raúl Rivero, hace escasamente unos meses llegó, junto a su esposa y madre, a España, donde trabaja en el periódico El Mundo y mantiene una febril actividad como portavoz de todos los que han quedado atrás, cautivos del régimen. Finalmente, en el momento en que se prepara esta antología, hemos recibido con regocijo la noticia de que el último poeta, Mario Enrique Mayo Hernández, ha sido también liberado con licencia extrapenal, una definición que en la jerga carcelaria cubana significa que la condena no ha sido anulada y que el condenado puede volver a la celda, sin previo juicio, si se empeña en continuar sus actividades “subversivas” contra el régimen.

Ahora bien, los versos aquí presentados, excepto los de Manuel Vázquez Portal y Raúl Rivero —poetas consagrados desde antes de sus encarcelamientos—, fueron escritos desde celdas cubanas. Aún así, los de Vázquez Portal, que ya habían sido publicados bajo el título de Celda número cero (Ed. Cubanet, Miami, 2000) fueron difundidos fuera de Cuba cuando aún no había sido detenido, juzgado y encarcelado por la policía política del régimen. O sea, cuando andaba “libre” en esa otra cárcel, gigantesca, que es toda la isla.

Ahora bien, cuando el lector en lengua italiana lea los versos de estos siete poetas encontrará, para regocijo de los amantes de la poesía (y de la libertad), registros poéticos muy diferentes, resultado de las diferentes y múltiples experiencias de los autores. Sin embargo, un denominador común da a esta antología un carácter excepcional: los poetas aquí reunidos, sin excepción, han sufrido en carne propia el ensañamiento de un régimen contra la libertad de expresión y ninguno de ellos ha vacilado un instante en hacer valer sus derechos de hombres libres contra todo dictamen e imposición.

En reciente ocasión oí decir a Raúl Rivero que para un preso nada compensa más el sufrimiento, el aislamiento y la vejación que el saberse respaldado y nunca olvidado por quienes viven el derecho inalienable de ser libres. Por eso, cada vez que un lector recorra tan sólo un verso de este libro, cada vez que lo comparta con un amigo, cada vez que hable de él en su medio, no sólo estará brindando, generosamente, un poco de su oxígeno a los que permanecen en las prisiones políticas cubanas, sino que está haciendo que los grotescos barrotes de la dictadura se estremezcan, e incluso, se abran y dejen pasar una bocanada de luz y de esperanza para todo un pueblo cautivo.

París, 10 de diciembre de 2005

Sette poeti cubani prigionieri

Di William Navarrete

La primavera del 2003 sarà ricordata nella storia di Cuba come una delle stagioni più nere che l’isola abbia mai vissuto, in cui la spietata repressione di un regime totalitario, moribondo e obsoleto, contro civili – per l’esattezza contro 75 pacifici attivisti per i diritti umani – ha provocato un grande movimento di costernazione e solidarietà in tutto il mondo.

Le 75 vittime del ferreo totalitarismo castrista vennero arrestate, processate per direttissima e condannate ingiustamente fino a 28 anni di carcere per il solo delitto di aver pensato liberamente e di aver fondato associazioni o forze pacifiche di opposizione che si battessero, servendosi della sola arma della parola, contro un regime oscuro, vivo da quattro decenni e capeggiato fin dalle origini dallo stesso dittatore.

Fra i condannati c’erano scrittori e non pochi giornalisti indipendenti. E anche poeti. Gli anni di prigionia, dietro squallide mura dove sono sopravvissuti (e sopravvivono) umiliati, malnutriti, malati e isolati dai familiari, lungi dall’aver privato questi uomini del loro coraggio, hanno fatto sì che molti fra i quali non avevano mai fatto incursione nella poesia prima di allora, scrivessero i loro primi versi, destinati a scagliarsi sulle stampe di tutto il mondo. Questo libro ne è la prova.

Arrivano così i versi di sette di questi uomini straordinari, per la prima volta in Italia e, in lingua italiana. Arrivano a un pubblico che molto spesso ignora, o finge di ignorare, il dramma quotidiano dei cubani e il peso atroce del regime dittatoriale che opprime l’isola ormai da quasi mezzo secolo. Questa impresa, ardua se consideriamo la difficoltà di comunicazione come risultato   del   monopolio   dell’informazione   esercitato   dal

regime castrista, non avrebbe potuto venire alla luce senza l’entusiasmo e la determinazione di Gordiano Lupi e della casa editrice II Foglio da lui diretta. E nemmeno senza il lavoro scrupoloso di Elisa Montanelli che li ha tradotti nella lingua di Dante.

Dei sette poeti inseriti in questa antologia, tre si trovano ancora in prigione: Ricardo González Alfonso, Omar Moisés Ruiz Hernández e Regis Iglesias Ramírez. Un altro è stato liberato con “licenza extrapenale”, una sorta di sospensione della pena, ma il governo gli nega l’uscita dal paese nonostante sia in possesso del visto per emigrare negli Stati Uniti: Jorge Olivera Castillo. Altri due, Manuel Vázquez Portal e Raúl Rivero, hanno potuto lasciare Cuba dopo che la pressione internazionale, con la sua instancabile azione di ribellione, ha obbligato il regime a disfarsi di loro per mezzo dell’esilio. Il primo vive attualmente a Miami insieme alla moglie e al figlio ed è un attivo giornalista del portale di informazione Cubanet, il più importante in materia di temi cubani. Raúl Rivero, invece, con la moglie e la madre, è arrivato da pochi mesi in Spagna, dove lavora per il quotidiano El Mundo e porta avanti una fervida attività di portavoce di tutti coloro che non ce l’hanno fatta e che sono ancora prigionieri del regime. Intanto, proprio durante la preparazione di questa antologia, abbiamo ricevuto con gioia la notizia che anche un altro poeta, Mario Enrique Mayo Hernández, è stato rilasciato con “licenza extrapenale”, una definizione che nel gergo carcerario cubano significa che la condanna non è stata annullata e che il condannato può quindi tornare in prigione, senza previo processo, se continua nell’esercizio di attività “sovversive” contro il regime.

I versi qui presentati, tranne quelli di Manuel Vázquez Portal e di Raúl Rivero – poeti già affermati prima della loro incarcerazione – sono stati scritti nelle celle cubane. In particolare, quelli di Manuel Vázquez Portal, già pubblicati con il titolo Celda número cero (Edizione Cubanet, Miami, 2000) vennero diffusi fuori dall’isola quando il poeta non era ancora stato fermato, processato e incarcerato dalla polizia politica del regime. Ovvero, quando ancora era “libero” in questa nostra gigantesca prigione: Cuba.

Dunque, quando il lettore italiano leggerà i versi di questi sette poeti si troverà davanti, per la gioia degli amanti della poesia (e della libertà), registri poetici molto diversi, come risultato delle molteplici esperienze degli autori. Tuttavia, c’è un denominatore comune che dà a questa antologia un carattere eccezionale: i poeti qui riuniti, senza alcuna eccezione, hanno sofferto sulla propria pelle l’accanimento di un regime nemico della libertà di espressione, e nessuno di loro ha vacillato nemmeno un istante nel far valere i propri diritti di uomo libero contro qualsiasi imposizione e comando.

In una recente occasione, ho sentito Raúl Rivero affermare che per un prigioniero non c’è cosa che compensi di più la sofferenza, l’isolamento e l’oppressione della consapevolezza di essere sostenuto e mai dimenticato da coloro che vivono il diritto inalienabile della libertà. Per questo, ogni volta che un lettore scorrerà anche un solo verso di questo libro, ogni volta che lo condividerà con un amico o che ne parlerà nel suo ambiente, non solo offrirà generosamente un po’ del suo ossigeno a chi si trova tuttora nelle prigioni politiche di Cuba, ma farà sì che le sbarre grottesche della dittatura tremino e addirittura si aprano, lasciando passare una boccata di luce e di speranza per un intero popolo prigioniero.

Parigi, 10 dicembre 2005

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