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José Luis Hidalgo

Selezione e traduzione di Albert Lázaro-Tinaut

La sombra de las sombras

Esas sombras de los túneles que no han llorado nunca.
Esas sombras que no hizo la luz,
que nadie vio moverse,
que solo conocen el gemido de los ferrocarriles.
Esas sombras tan tristes,
tan lejanas al aire.
Allí donde las piedras manan agua,
donde los lagartos nacen ciegos
por el peso de las montañas.
Allí, donde es menester
que las sombras devoren las llamas de los candiles
para poder mantenerse.
Allí, donde los ojos se enfrían
como un carbón apagado
caído en un charco de llanto.
Allí, donde hay arañas y pájaros enterrados
que se alimentan
de luces asesinadas.
Allí habitaba.
Allí estaba aquella sombra de las sombras.

 

 

 

 

¡He nacido y he muerto tantas veces!
El hombre que ahora soy no lo comprendo,
acaso no soy yo, es aquel otro
hundido y olvidado por las calles
que en una tarde amarga dejé solo.

Y quiero recordarlo y se me borra
perdido en la salida de los cines,
acaso en un retrato que mi madre
guardaba de la luz con mano triste.

Pero voy comprendiendo. Me supongo
acaso como soy, y escribo versos
y sueño para todos… Sí, comprendo,
para nacer hay que morir primero.

 

 

 

 

Flores bajo los muertos

Bajo los puros muertos, a veces, brotan flores
blancas y dolorosas, que levemente gimen,
porque crecer es duro, porque crecer es triste
cuando un cuerpo sin vida en las espaldas pesa.

Entonces –escuchad– un pájaro detiene
el vuelo de sus alas y se apaga, se apaga,
mientras el hombre muerto, sin saberlo, transcurre
arriba, más arriba, sobre la tierra, solo.

Si en un mundo vacío crecieran estas flores,
qué vivamente irían al aire, a la alegría,
pero esta muerte mata su breve primavera,
como un gusano dulce, pisado y amarillo.

¿Y qué? Todo es lo mismo: crecer o derrumbarse,
tener sobre la carne una nube o la muerte,
doblarse ciegamente, doblarse como un río
con estas flacas flores, leves y detenidas.

 

 

 

 

Amor así

Cuando dos cuerpos se unen para amar,
se quema más despacio la soledad de la tierra.

De corazón a corazón, de hueso a hueso,
saltan pájaros ardiendo como puñales,
piel del mundo o deseo donde la carne gime,
un gran río desnudo de inesperados crisantemos.
Cuando dos cuerpos se aprietan como bocas,
se empujan como voraces cataratas al rumor de la vida
perdiendo un posible contacto con la muerte que espera,
que sobre el olvidado planeta a lo lejos refulge
como un fantasma solitario y oculto.
Hombre o mujer, árboles vibrantes,
hirvientes besos estrujados y un ángel.

Amarse es poseer la tierra sin sombras para siempre.

 

 

 

 

Hoguera de amor

Este día que viene a mis labios
exprimiendo su zumo de oro,
moja el alma en su triste belleza
y la embriaga de sueños remotos.
Todo acaba en su luz amarilla.
Los recuerdos se borran y de otro
me parecen las manos que tocan,
me parecen las cosas que lloro.
No pensar en las hojas que sufren
y olvidar el dolor de sus troncos.
No saber si las nubes que nacen
vuelven ya de un oscuro retorno…
Mas sentir en el pecho, encendida
por el viento que trae el otoño,
una hoguera de fuego que, alegre,
quema el mundo con un amor loco.

L’ombra delle ombre

Quelle ombre dei tunnel che non hanno mai pianto.
Quelle ombre non fatte dalla luce,
che nessuno ha visto muoversi,
che conoscono solo il gemito delle ferrovie.
Quelle ombre così tristi,
così lontane dall’aria.
Là dove le pietre sgorgano acqua,
dove le lucertole nascono cieche
sotto il peso delle montagne.
Là dove le ombre
devono divorare le fiamme delle lucerne
per sussistere.
Là dove gli occhi si raffreddano
come il carbone spento
caduto in una pozza di pianto.
Là dove sono sotterrati ragni e uccelli
che si nutrono
di luci assassinate.
Là è dove abitava.
È là che si trovava quell’ombra delle ombre. 

 

 

 

 

Sono nato e sono morto tante volte!
Non capisco l’uomo che ora sono,
forse non sono io, è quell’altro
sprofondato, dimenticato nelle strade
che un pomeriggio amaro lasciai solo.

E voglio ricordarlo, ma si annienta
perduto davanti all’uscita dei cinema,
magari in un ritratto che mia madre
proteggeva con mano triste dalla luce.

Ma via via capisco. M’immagino
probabilmente come sono, e scrivo versi
e sogno per tutti… Sì, capisco,                                            
prima di nascere bisogna essere morto.

 

 

 

 

Fiori sotto i morti

Sotto i puri morti, a volte, sbocciano fiori   
bianchi e dolorosi, che lievemente gemono,
perché crescere è aspro, perché crescere è triste
quando un corpo esanime pesa sulle spalle.

Allora – ascoltatemi – un uccello smette
di battere le ali e si spegne, si spegne,
mentre il defunto non lo sa e rimane                 
in alto, sempre in alto, e solo sulla terra.

Se in un mondo vuoto crescessero quei fiori,
con tutta l’energia si tenderebbero alla gioia, 
ma la morte ne annienta la breve primavera,
come un tenero verme calpestato e giallo.

E quindi? È uguale: crescere o crollare,                              
avere sulla carne una nube o la morte,
piegarsi ciecamente, piegarsi come un fiume
con questi fiori secchi, leggeri e trattenuti.      

 

 

 

 

Amore così

Quando due corpi s’intrecciano per amare,
brucia più lentamente la solitudine della terra.

Da cuore a cuore, da osso a osso,       
spuntano uccelli ardenti come pugnali,
pelle del mondo o desiderio dove la carne geme,
un grande fiume nudo d’inattesi crisantemi.
Quando due corpi si stringono come bocche
si avventano come voraci cascate sul fragore della vita 
perdendo ogni contatto con la morte in attesa,
che a volte risplende in distanza sul pianeta scordato
come un fantasma solitario e occulto.
Uomo o donna, alberi vibranti,
bollenti baci strizzati e un angelo.

Amarsi è possedere per sempre la terra senza ombre.

 

 

 

 

Falò d’amore

Il giorno che mi viene alle labbra
spremendo il suo succo dorato,
bagna l’anima nella sua triste bellezza        
e l’inebria di sogni remoti.
Tutto ha fine nella sua luce gialla.                
I ricordi spariscono e d’un altro                    
mi paiono le mani che toccano,                      
mi paiono le cose che piango.
Non pensare alle foglie che soffrono             
e scordare il dolore dei tronchi.
Non sapere se le nubi nascenti                        
vengono ormai da un oscuro ritorno…
Ma sentire nel cuore, infiammato
dal vento spinto dall’autunno,
un falò di vampate che, allegro,
brucia il mondo di un amore folle.         

José Luis Hidalgo Nacido en las proximidades de Torrelavega (Cantabria) el 10 de octubre de 1919 y muerto en Madrid el 3 de febrero de 1947, es un exponente de la poesía existencial (desarraigada) que se produjo en España durante la década de 1940, inmediatamente después del fin de la guerra civil (1936-1939), cuyo máximo representante fue Dámaso Alonso. Era el contrapunto a la “poesía arraigada”, un movimiento clasicista favorecido por el régimen franquista.
Fue un poeta de vida breve, angustiado, obsesionado por el tiempo y la muerte, presentes en la mayor parte de sus composiciones poéticas. Los muertos (1947, dedicado a las víctimas de la guerra; murió sin verlo impreso) ha quedado como su libro más relevante. Otra constante de la personalidad de Hidalgo es además, como en Goethe, la necesidad de recurrir a Dios para aliviar el sufrimiento: “Pero si Tú no existes, ¿por qué, entonces, / he de dar nombre a mi esperanza?”, se preguntaba desazonado.
Anteriormente a Los muertos, José Luis Hidalgo había publicado tres libros vanguardistas: Pseudopoesías (1936), Las luces asesinadas y otros poemas y Mensaje hasta el aire (ambos de 1938); y ya en la línea existencial, Raíz (1944) y Los animales (1945). Póstumamente aparecería Canciones para niños (escritas en 1937 y publicadas en 1951) y se reuniría su Obra poética completa (1976).

José Luis Hidalgo: Nato nei pressi di Torrelavega (Cantabria) il 10 ottobre 1919 e morto a Madrid il 3 febbraio 1947, è un esponente della poesia esistenziale, desarraigada [senza radici], che fiorì in Spagna durante il decennio di 1940, subito dopo la fine della guerra civile (1936-1939), ebbe il suo massimo rappresentante in Dámaso Alonso e fece da contrappunto alla “poesía arraigada” [poesia radicata], un movimento classicista sostenuto dal regime franchista.
Hidalgo fu un poeta dalla vita breve, angosciato, ossessionato dal tempo e dalla morte, temi presenti nella maggior parte dei suoi componimenti poetici. Los muertos (‘I morti’, dedicato alle vittime della guerra; uscito postumo nel 1947) rimane il suo libro più singolare. Un’altra costante della personalità di Hidalgo sarebbe, come in Goethe, il bisogno di ricorrere a Dio per mitigare la sofferenza: “Ma se Tu non esisti, perché, allora, / devo dare un nome alla mia speranza?”, si chiedeva sconvolto.
Prima di Los muertos, José Luis Hidalgo aveva pubblicato tre libri d’avanguardia: Pseudopoesías (‘Pseudopoesie’, 1936), Las luces asesinadas y otros poemas (‘Le luci assassinate e altre poesie’) e Mensaje hasta el aire (‘Messaggio fino all’aria’), entrambi del 1938); e ormai in linea esistenziale, Raíz (‘Radice’, 1944) e Los animales (‘Gli animali’, 1945). Postume apparvero Canciones para niños (‘Canzoni per bambini’, scritte nel 1937 e pubblicate nel 1951) e la sua Obra poética completa (‘Opera poética completa’, 1976).

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